¿Aún no has oído hablar de los disruptores endocrinos? Prepárate

 

Cientos de compuestos químicos microscópicos viven camuflados en lo más profundo de nuestro organismo. Los llaman ‘el enemigo invisible’, aunque su nombre real es ‘disruptores endocrinos’. Imperceptibles y silenciosos, tienen una capacidad enorme para alterar nuestras hormonas. Y hasta las de nuestros hijos y nietos.

La OMS los catalogó en 2012 como sustancias peligrosas, pero estos químicos aun no están delimitados por la Comisión Europea, siguen utilizándose ampliamente por las grandes empresas y afectan a tu vida mucho más de lo que piensas.

Cientos de sustancias comportándose como hormonas

 

Los disruptores endocrinos son un grupo de sustancias químicas con capacidad de alterar el sistema hormonal de los seres vivos. Estos químicos se encuentran omnipresentes en nuestra vida cotidiana, están por todas partes y además cuentan con un poder especial: no se puede huir de ellos.

Por ejemplo, las peras del supermercado están repletas de pesticidas; los envases y latas se componen de bisfenol-A; los ftalatos se encuentran enmascarados en los juguetes y en el material hospitalario; el triclosan se utiliza de forma masiva en pasta de dientes, cremas y desodorantes; los parabenos de los perfumes o los glifosatos en los herbicidas con los que fumigan los parques y jardines.

Marieta Fernández, médica, profesora de la Universidad de Granada y una de las integrantes del grupo de investigación sobre disruptores endocrinos, conoce muy bien este asunto. “He llegado a encontrar hasta 37 compuestos químicos diferentes en el tejido mamario de mujeres sanas”, cuenta a PlayGround la doctora Fernández.

¿Qué consecuencias directas tienen para nuestra salud?

 

Según explica la doctora Pilar Muñoz Calero, experta en Medicina Ambiental y presidenta de la Fundación Alborada, centro pionero en el mundo en el tratamiento de enfermedades ambientales, cada vez hay más estudios científicos que relacionan directamente la exposición a estos químicos del ambiente con enfermedades muy variadas.

Dentro de este infame listado se encuentra el cáncer, los trastornos neurológicos o del espectro autista, enfermedades crónicas como el Alzheimer o el Parkinson y otras patologías como la infertilidad, la diabetes, la obesidad y el asma.

No es como enfermarse de una gripe o pillar un virus, los efectos y enfermedades que producen los disruptores endocrinos no son instantáneos, sino que aparecen con el tiempo. “Tienen la capacidad de causar daños en la expresión de nuestro ADN que pueden prolongarse hasta 3 generaciones”, A diferencia de la mayoría de los tóxicos, menor cantidad de disruptores no significa menor toxicidad. Al comportarse como las hormonas pueden causar daños en cantidades muy inferiores a los límites máximos de residuos.

“Los límites máximos de residuos se calculan teniendo en cuenta una sola sustancia tóxica y no se tiene en cuenta el efecto cóctel o efecto combinado”, completa la experta.

Si sumas en tu cuerpo los pesticidas de las manzanas, las partículas de triclosan que “comes” con tu pasta de dientes o el glifosato que entra en tu organismo cuando paseas por el parque… Voilá, puedes enfermar gracias a una combinación explosiva de disruptores.

¿Y todo esto en qué se traduce? En un gasto médico brutal. Según un estudio publicado en la revista Andrology, el coste del impacto de los disruptores endocrinos en la salud de la Unión Europea supone un gasto de 163.000 millones de euros, lo que supone el 1,28% del PIB de la UE.

Un puñado de dólares impide su regulación

 

Pero si estos disruptores endocrinos están acabando con nuestra salud y además provocan un agujero en las arcas públicas… ¿Por qué tantos impedimentos en su regulación? ¿Por qué sigue permitiéndose su uso?

“Los límites legales actuales no protegen la salud de las personas. Hay un elevado número de sustancias químicas cuya seguridad no ha sido comprobada y que, sin embargo, están en los mercados de forma legal”, denuncia la doctora Calero.

Para entender esta incongruencia hace falta bucear en la guerra de lobbys que se libra desde hace años en Bruselas. Un conflicto de baja intensidad en el que grupos de presión potentes fabrican dudas, escriben emails e invitan a fiestas, reuniones y cenas a los políticos.

La periodista independiente francesa Stéphane Horel escribió en 2013 el informe “Un Asunto Tóxico” en el que hacía pública la batalla que lobbies químicos y de plaguicidas iniciaron para evitar la adopción de medidas contra los disruptores endocrinos en Europa. Y cómo estos grupos de presión encontraron aliados en varios estados europeos, la Comisión y el Parlamento.

El coste anual en Europa del tratamiento de trastornos sobre el desarrollo neuronal infantil derivado de exposición a disruptores endocrinos asciende a 136.000 millones de euros anuales. El tema cobra especial relevancia si tenemos en cuenta que España es el mayor consumidor de pesticidas en toda Europa y está extendido el uso de pesticidas de manera preventiva, aun cuando la Comisión Europea establece que el uso de estas sustancias debe de ser siempre la última opción. Ya son muchos los casos de personas que, por su trabajo o el de sus familiares, han sido expuestas a plaguicidas, provocando dificultades de aprendizaje, fatiga, intolerancias a alimentos, sensibilidad química, fibromialgia o síndrome de fatiga crónica… “detrás de cada persona expuesta y enferma a causa de los pesticidas hay un historia, a menudo dramática, que acaba en los tribunales médicos pidiendo a gritos un reconocimiento administrativo”.

– A nivel europeo todavía no hay una legislación clara acerca de los disruptores endocrinos. Recientemente la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), la Endocrine Society y las Sociedades Españolas de Diabetes y para el Estudio de la Obesidad, denunció en una carta que los criterios de la CE “no abarcan muchos de los compuestos clasificados como disruptores endocrinos y establecen exenciones a sustancias químicas diseñadas específicamente para alterar el sistema endocrino”.

– En España hay en marcha dos proyectos que abordan el tema de los disruptores endocrinos aportando soluciones. “Libres de contaminantes hormonales”, una iniciativa de Ecologistas en Acción dedicada a informar acerca de esta problemática y “Que no te alteren las hormonas”, un proyecto de la Fundación Alborada. Además, acaban de crear la Cátedra Patología y Medio Ambiente en la Universidad Complutense de Madrid con el fin de avanzar en la investigación de los disruptores endocrinos.

A nivel individual también podemos mejorar nuestra salud, eliminando ciertos productos de limpieza e higiene, optar por alimentos ecológicos libres de plaguicidas y de aditivos, y por la cosmética ecológica y natural. Cuando una persona evita los tóxicos comienza a apreciar mejoras en su salud en pocas semanas.

Otra iniciativa relacionada es la Iniciativa Ciudadana Europea #StopGlifosato, un herbicida cuya reautorización en la Unión Europea está en entredicho. Esta acción está coordinada por la organización WeMove y va camino del millón de firmas en toda Europa, número que se necesita superar antes del verano.

Información extraída de www.libresdecontaminanteshormonales.org

Aquí puedes ver un pequeño reportaje de La 8 Palencia RTVCyL sobre la charla de Plaguicidas